La preparación mental también incluye cómo transitás las horas anteriores al partido.
Todavía falta un día, pero vos ya empezaste a jugar.
Pensás en el rival, en si vas a estar de entrada, en lo que te dijo el entrenador. Te imaginás una buena actuación y, al rato, aparece otra escena: equivocarte justo cuando no podés fallar.
Llegás a la noche cansado, pero seguís repasando posibilidades.
¿Y si mañana no me sale?
A veces, el desgaste empieza bastante antes de entrar a la cancha.
Pensar en la competencia forma parte de la preparación. El problema aparece cuando ese pensamiento deja de ayudarte y empieza a dar vueltas sobre lo mismo.
Hay una diferencia entre anticipar una dificultad y quedarte atrapado en ella.
Si sabés que un rival suele incomodarte, podés revisar qué hace y cómo responder. Eso te deja un recurso.
Si pasás la tarde pensando «siempre me complica, mañana me va a pasar de nuevo», terminás con la misma preocupación y ninguna respuesta nueva.
Una pregunta puede ayudarte a distinguirlo: después de pensar en esto, ¿tengo algo más claro o solamente estoy más preocupado?
En Los Tres Partidos, el Partido Uno es la preparación. Incluye el entrenamiento, el descanso, la alimentación, el conocimiento del rival y el trabajo mental.
También incluye registrar tu estado de ánimo.
Cómo llegás hoy. Qué te preocupa. Si venís enojado, entusiasmado, cansado o pendiente de algo que pasó fuera del deporte.
Porque podés tener clarísimo el plan de juego y estar con la cabeza en otro lado.
Reconocerlo te permite decidir qué necesitás: conversar algo, ordenar una preocupación, hacer un ajuste o darte un momento para bajar las revoluciones.
La noche anterior puede servir para cerrar la preparación.
Preparar el bolso. Confirmar el horario y el traslado. Revisar dos o tres aspectos concretos de tu tarea. Elegir qué querés recordar cuando empiece el juego.
También podés dedicar un momento a imaginar una situación difícil y ensayar cómo responderías.
Cometiste un error. ¿Qué hacés después?
El rival empezó mejor. ¿Dónde ponés la atención?
Preparar esas respuestas puede ayudarte a llegar con recursos. Después, habrá que leer y resolver lo que suceda realmente.
Y, en algún momento, dar por terminado ese trabajo. Seguir pensando durante horas no significa seguir preparándote mejor.
A veces aparece otra exigencia: «Tengo que estar tranquilo».
Entonces sentís nervios y te preocupás por estar nervioso. Mirás la hora, calculás cuánto podrías dormir y empezás a evaluar cómo vas a rendir mañana.
Podés llegar con entusiasmo, dudas y cierta tensión al mismo tiempo. Registrar esas sensaciones y volver a una rutina conocida suele ser más útil que examinarte a cada rato para comprobar si ya estás listo.
La preparación también consiste en aprender qué te ayuda a cerrar el día y dejar lugar al descanso.
Mañana habrá decisiones que tomar, errores que resolver y situaciones que todavía no conocés.
Hoy podés dejar preparado lo que depende de vos. El resto se juega mañana.
Germán Diorio
Psicólogo Deportivo | Alto Rendimiento
El Psicólogo del Club
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