Jugaste mal. O perdiste un partido que sentías que podías ganar. Terminó el juego, pero vos seguís ahí, enroscado, repasando errores, discutiendo por dentro y buscando alguna explicación que te saque la bronca.
A veces te encerrás, no querés hablar con nadie, comés cualquier cosa y dormís mal. El partido terminó hace horas, pero te lo llevaste a casa.
Y en medio de todo eso, querés entender qué pasó. Rápido. Encontrar una explicación, sacar una conclusión y, si es posible, dejar de sentirte así.
El problema es que, con las emociones a tope, ese análisis suele ser bastante injusto con vos mismo.
Te acordás del gol que te perdiste, de los errores o las malas decisiones, dejando lo demás en segundo plano. En especial lo que hiciste bien.
Y muchas veces pasa algo curioso: mirás el partido dos o tres días después y aquella actuación que habías calificado con un tres empieza a parecerse más a un cinco. Aparecen detalles que no habías registrado, atenuantes, situaciones que explican algunas dificultades y aciertos que, en caliente, ni siquiera tuviste en cuenta.
No cambió el partido. Cambió tu manera de mirarlo.
Eso no significa que siempre haya que esperar dos o tres días para analizar. Todos somos diferentes. Hay deportistas que pueden calmar las aguas y tomar distancia rápido, para revisar lo sucedido con claridad. Otros necesitan más tiempo. Lo importante es reconocer en qué condiciones estás vos para hacer tu análisis.
Del otro lado pasa algo parecido.
Ganaste. Estás aliviado o conforme. Se terminó la tensión y querés disfrutar. ¿Analizar? ¿Para qué, si salió bien? Y es ahí donde se pierde una gran oportunidad.
Porque si no revisás cómo jugaste, podés dejar pasar errores que el resultado disimuló, pero sobre todo, podés perder de vista qué hiciste bien y qué te conviene sostener.
Después de perder, la bronca puede llevarte a sacar conclusiones apresuradas. Después de ganar, el alivio puede hacer que no saques ninguna.
Por eso es que siempre recomiendo darle método al postpartido.
En Los Tres Partidos, el Partido Tres es lo que hacés con la experiencia que te dejó la competencia. Y merece tanta atención como la preparación y el juego.
¿Cómo encararlo?
Primero, bajar la carga. Ganes o pierdas, una ducha, un momento de respiración profunda y un cambio de clima pueden ayudarte a bajar las revoluciones y el ruido mental. En lo posible, no hablar demasiado del juego durante las primeras horas, sobre todo si seguís muy tomado por lo que pasó.
No hace falta resolver todo en el vestuario ni sacar una conclusión antes de llegar a casa.
Después, analizar con más distancia. Casi como un observador externo, pero sabiendo por qué tomaste cada decisión o qué estabas pensando en ese momento.
¿Qué pasó? ¿Qué hiciste bien? ¿Dónde te equivocaste? ¿Qué te costó resolver? ¿Qué estaba a tu alcance hacer de otra manera?
La idea es hacer una revisión justa, que te permita reconocer tanto los errores como los aciertos.
Por último, llevar ese análisis al trabajo. Si encontraste algo para corregir, definí cómo lo vas a entrenar. Si hubo algo que funcionó, reconocelo y buscá sostenerlo.
La visualización también tiene un lugar acá. Los aciertos se pueden revivir, volver a sentir y repasar para fijarlos. Y las situaciones que resolviste mal se pueden recrear ensayando una respuesta diferente.
Te perdiste un gol por apurarte. En la visualización volvés a esa jugada, pero esta vez ensayás la decisión que hubiera sido más conveniente. Además de revisar lo que pasó, empezás a practicar cómo querés responder.
Un buen Partido Tres te ayuda a preparar mejor el próximo Partido Uno.
Revisás lo que hiciste en el Dos y, desde ahí, también mirás cómo te habías preparado: qué anticipaste, qué faltó trabajar y con qué herramientas llegaste para afrontar las dificultades.
Porque el Partido Uno también incluye prepararte para cuando las cosas se complican. Imaginar una dificultad, una equivocación y la manera de recuperarte forma parte de ese trabajo.
Así se construye el Círculo de Crecimiento Continuo.
El partido terminó. Ahora queda ver qué hacés con lo que te dejó.
¿Querés trabajar tu preparación mental?
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