La mayoría de los deportistas hacen lo mismo.
Esperan.
Esperan a perder la confianza.
Esperan a entrar en una mala racha.
Esperan a que la ansiedad les gane una competencia.
Esperan a que el enojo, la frustración o la presión les exploten en la cara.
Y recién ahí buscan ayuda.
Lo curioso es que nadie espera a lesionarse para empezar a entrenar fuerza.
Nadie espera quedarse sin aire para empezar a trabajar su condición física.
Entonces, ¿por qué seguimos esperando a que aparezcan los problemas para entrenar la parte mental?
El control emocional, la concentración, la confianza, la gestión de la presión y la toma de decisiones también se entrenan.
Y cuanto antes se trabajen, más recursos va a tener el deportista cuando realmente los necesite.
Lo mismo vale para entrenadores.
Porque gestionar un grupo, sostener la presión de los resultados y tomar decisiones difíciles también requiere herramientas.
La pregunta es simple:
¿Vos estás haciendo algo para desarrollar tus recursos mentales y emocionales… o estás esperando a que el agua te tape?
«El peor momento para empezar a trabajar la cabeza es cuando ya estás en crisis.»