¿Bajón Anímico?

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Es habitual, cuando un deportista o equipo pierde, juega mal o tiene un pasaje errático que lo lleva a la derrota, escuchar voces esgrimiendo, entre las posibles razones que lo llevaron a ese estado, “problemas anímicos”.

 

anímico, anímica

adjetivo

Del ánimo o relacionado con él.

 

Con esta sencilla definición podríamos estar de acuerdo, pero, desde un plano psicológico, conociendo las innumerables variables que rodean la vida de un deportista o equipo, en especial en el alto rendimiento, el concepto es demasiado amplio y no llega a definir causas o razones que ayuden a encontrar la salida de ese pozo imaginario.

Es fácil echarle la culpa a lo anímico, y pensar que se perdió por un bajón. Aunque si eso fuera solamente asi, todos los equipos tendrían psicólogos rodeando a sus jugadores/as, ya que, en teoría, un buen estado anímico podría garantizar o acercarnos más a los anhelados triunfos.

Y más allá, o más profundo… ¿El bajón, en el caso de los equipos, es individual? ¿Se contagia como un virus? ¿Tiene que ver con razones que apuntan solo a lo deportivo? ¿Cuánto juega lo personal (vida privada, entorno)? ¿Cuánto pesa lo táctico, lo estrictamente deportivo y/o la asignación de roles dentro de los grupos)? ¿Cuánto juega lo estructural, institucional (condiciones de trabajo)?

Todo pesa, todo juega. Se trata de personas, interrelacionadas, tratando de hacer su trabajo (jugar, y para las expectativas del hincha, dirigente, opinión pública, ganar), y eso mueve incontables variables que no siempre son tan fáciles de analizar o resumir.

Cuando Nadal da vuelta un partido increíble hablamos de su fortaleza mental. Entonces, haciendo un análisis lineal, ¿hablamos también de la supuesta debilidad mental de Medvedev? No, claro que no, porque el derrotado es un enorme jugador que venía de vencer a Djokovic en la final de US Open. No todo es tan lineal, porque se trata de personas que están sujetas a momentos personales que potencian o atentan contra esos estados anímicos. Deberíamos hablar, no solo entre fenómenos como estos, sino en cualquier situación deportiva, de la preparación, poniendo el foco, especialmente, en la preparación mental. En cómo te preparas para enfrentar un compromiso, un torneo, un acontecimiento, porque allí está la clave de todo. Si te preparás pensando que todo va a ir sobre rieles, y no prevés posibles avatares (como un vaivén en el marcador, un rival que pasa por un momento de inspiración, etc), lo más probable es que esos avatares te tomen por sorpresa y te saquen del camino.

¿Puede una adecuada preparación mental ayudar a sortear o saltarte esos supuestos bajones anímicos o fluctuaciones en tu rendimiento? Si, claro. No se trata siempre de ganas, coraje, huevos, sino de llegar debidamente preparado para hacer bien tu trabajo y jugar el partido sin presiones, en control de la situación. Después, cuando hay oposición, uno tendrá más herramientas que otro y por ende se quedará con la victoria. El problema no es perder, sino sentir que no hiciste todo lo necesario para ganar, y no estamos hablando solamente de lo que pasa dentro del campo de juego o la competencia propiamente dicha.


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